miércoles, 25 de abril de 2007

La casa del silencio



El Nobel Orhan Pamuk narra la historia de una familia turca desde la voz de cada uno de sus miembros: Fatma, la viuda de un medico moderno, idealista y alcoholizado vive en su habitación presa del pasado, la culpa, el rencor y los recuerdos, atendida por Recep, el enano hijo bastardo de su marido. Sus tres nietos huérfanos la visitan en verano: Faruk, el mayor, historiador recientemente divorciado, sigue los pasos de los hombres de la familia. Nilgún es una joven idealista en un país a caballo entre oriente y occidente, sometido a diariamente a la violencia política y religiosa. Metin, el menor, sueña con hacerse rico en Estados Unidos gracias a su inteligencia. El joven Hasan, con el que jugaban de niños, ahora arrastrado por el amor y el odio, es otra pieza clave en este puzzle que muestra los últimos cien años de la historia de Turquía.


“Como razoné después, aquí acostada en mi cama: una vez terminada la vida, ese viaje en coche de caballos en un solo sentido, no puedes volver a empezar de nuevo; pero si tienes un libro entre las manos, por confuso e incomprensible que sea, cuando lo terminas puedes, si quieres, volver al principio para leerlo otra vez y comprender lo incomprensible, para comprender la vida ¿Verdad Fatma?"

Un buen libro, con sabor amargo.



miércoles, 18 de abril de 2007

Elogio de la locura


De vez en cuando me flagelo, literariamente hablando, y leo algún libro de esos que según la leyenda ha leído todo el mundo, pero que en realidad solo lo han hecho algunos eruditos o pobres estudiantes obligados por su profesor de literatura. Esta vez le ha tocado el turno a “Elogio de la locura”, un libro más bien flaco y aparentemente inocuo, pero que cuando se abre se convierte en un monstruo. En apenas 100 páginas tiene más de 500 citas, que no están a pie de página sino al final del libro, con el consiguiente ir y venir, algunas veces para nada, rompiendo constantemente el sentido de las frases y el ritmo de la lectura y cuyo fin es ratificar el amplio conocimiento del mundo clásico de su autor.
Como las películas americanas, ha llegado a nosotros con un título distinto al original: “Elogio de la estulticia” (un guiño a Deyanira, que escribió ese palabro cuando yo lo estaba leyendo). Erasmo dedica la obra a Tomás Moro (Utopia fue otro ejercicio de autodisciplina aunque con mejor fortuna) y mediante una ironía al estilo del XVI describe a la estulticia como el origen de todas las bondades del mundo y lo utiliza como sátira contra los poderosos, la iglesia y las costumbres retrógradas de su tiempo, marcado por las esperanzas, las dudas y las ambigüedades de esa época incierta.
De este libro todos hablan maravillas. Con su lectura esta semana santa doy por cumplida mi penitencia.

martes, 10 de abril de 2007

Los cien millones de Herman Hesse



La editorial alemana Suhrkamp comenta que Hesse ha vendido nada menos que 100 millones de sus libros en el mundo, 75 millones de los cuales fuera de Alemania. Con esas cifras, a pesar de haber sido entendido como autor maldito y minoritario, sus libros podrían ser considerados ya parte de la educación oficial de millones de personas en el mundo.

En 1957, unos 10 años después que Hesse recibiera el Premio Nobel de Literatura, el influyente crítico alemán Karlheinz Deschner condenó como “kitsch” a la obra de Hesse y pronosticó su rápida desaparición como literatura. Y mientras en Alemania el interés por Hesse parecía confirmar la sentencia de Deschner, su obra fue descubierta en los años 60 por el entonces incipiente movimiento hippie estadounidense, por los existencialistas franceses, y por los movimientos estudiantiles latinoamericanos y europeos.
Probablemente la influencia del misticismo oriental no hubiera llegado jamás a Occidente de una manera tan masiva sin el libro de Hesse llamado “Siddartha”. Pocos libros en la historia han conseguido una influencia tan masiva en la cultura como para abrir casi por sí solos un mundo espiritual fundamentalmente extraño. Desde entonces, la influencia de Hesse creció de una manera incomparable en el mundo.

“Una de las causas del éxito de los escritos de Hesse se debe a mostrar la polarización de las fuerzas de la vida, como entre individuo y sociedad, los instintos y el intelecto; lo mundano y lo espiritual, los principios masculino y femenino…”, comenta a la BBC el profesor de literatura Leopold Bosshat.
“A través de esa polaridad, sus escritos son muy abiertos a la interpretación: como existencialistas, místicos, moralistas… es decir, cada generación pudo referir a Hesse según los problemas que surgían de cada época”, opina Bosshat.

Quizás los libros de Hesse sean de los pocos que se heredan de la generación de los padres y que se emplean además contra ellos; todos creen haber de alguna manera entendido y cumplido con los difíciles y cruciales temas del escritor alemán.
La edad adulta suele ser bastante más autocomplaciente que la juventud; tal vez por eso los conflictivos y desgarrados personajes de Hesse son más cercanos a los jóvenes que a los adultos, aunque los problemas que los libros de Hesse plantearon pertenecen a todas las edades del hombre.

domingo, 8 de abril de 2007

Sándor Márai


Sándor Márai nació en 1900 en una ciudad del imperio austrohúngaro que hoy es parte de Eslovaquia.Vivió un exilio voluntario en Alemania y Francia en los años veinte, abandonando definitivamente su país en 1948 con la llegada del régimen comunista. Se estableció en Suiza, Italia y finalmente en Estados Unidos, cuya nacionalidad adquirió en 1952. Su obra fue prohibida en Hungría y cayó en el olvido, hasta que resurgió con el fin de la época comunista. Para él como para tantos escritores y artistas el éxito llegó tarde. Márai se había quitado la vida en 1989 en San Diego, California. Casi todas sus biografías añaden en este punto que fue pocos meses antes de la caída del muro de Berlín, lo que supone una tragedia para un artista destrozado por la historia. Pero suelen ocultar que en los últimos años de su vida rechazó numerosas ofertas para regresar a su patria, y que para entonces era un anciano de 89 años consumido por la enfermedad que decidió no soportar hasta el final de sus dias.

Marai vivió la desintegración de la clase media húngara a la que pertenecía y sintió que "tal vez la única obligación de mi vida y de mi trabajo como escritor sea elaborar el proceso de esa desintegración". Quizá por eso inició sus memorias, “Confesiones de un burgués” a los 34 años.

Se ha comparado la obra de Sándor Márai con la de Thomas Mann, pero también recuerda a la de Proust Su obra escrita en pleno siglo XX nos lleva sin embargo al XIX. Sus relatos, ambientados en la centroeuropa de entreguerras, cosmopolita y decadente, envueltos siempre en un ambiente de penumbra, describen la intimidad, el valor del secreto y la soledad de la vida del burgués, contraponiendo su sensibilidad a la de los otros, los criados. En sus novelas se permite ser profundo e intentar alcanzar las verdades del ser humano. Cuando le leemos extrañamos ese otro tiempo como si lo hubiéramos vivido: un mundo de honor y lealtades, secretos y traiciones, seres en suspenso y destinos ya trazados. “Pocas veces somos tan reaccionarios como cuando leemos a Sándor Márai, pero nunca ser reaccionario ha sido más gratificante”. La magia de su narración nos envuelve y nos seduce llevándonos a compartir esos valores arcaicos, esas falsas verdades burguesas, esa sociedad injusta. A pesar de todo, sentimos que ese tiempo que hoy nos parece elegante y romántico ha pasado y nos llenamos de nostalgia por la pérdida definitiva de ese paraíso que tiene cierto olor a podrido.

viernes, 6 de abril de 2007

El afinador de pianos



El mundo de los libros de nuevo me lleva a Birmania.

El ejército británico, en la época colonial, requiere los servicios de un experto afinador. El sofisticado piano que aguarda al londinense se encuentra en los remotos territorios del norte de Birmania, en manos de un médico militar que cree utópicamente que la violencia de la conquista se puede evitar con la medicina, la poesía y la música.

El afinador emprende un intenso viaje, lejos de su país y de su esposa, que le lleva a conocer impresionantes paisajes y curiosos personajes. El encuentro con otra civilización, tan diferente a la suya, le convierte unas veces en testigo, otras en victima o victimario de lo único que tienen en común: la incomprensión entre oriente y occidente,

El afinador inicia otro viaje del que no regresará y que le lleva a un destino aún más remoto: al fondo de sí mismo. A un lugar donde nada es verdad ni es mentira....

sábado, 31 de marzo de 2007

¿Porqué los mismos siempre leemos lo mismo?

Esta mañana no tenía nada apetecible para leer. Como estoy con la pata coja, no podía alejarme mucho de casa para ir a la biblioteca o a mi librería favorita donde siempre encuentro/me encuentran algo que merece la pena. Así que medio a rastras me he acercado al hiper de al lado de mi casa y he estado buscando entre los libros de bolsillo algo que me llamara la atención. La verdad es que ha sido difícil. ¡Hay que ver los bodrios que se leen! Al final ha habido suerte y he cogido un libro de un autor americano para mí desconocido y otro que no había leído de Sandor Marai.

Al llegar a casa le he preguntado a San Google por el americano y me ha respondido con un par de páginas que recomiendan tanto a ese autor como a Marai.

Como todavía estoy flipando con lo de los dioses de Dostoiewski y Tolstoi , pues….
Parece que en el mundo de la literatura también se dan esas extrañas casualidades.

jueves, 29 de marzo de 2007

Los hermanos Karamazov




Esta es una obra capital de Fedor Dostoyewski que salió a la luz el año 1881, cuando el gran escritor ruso ya había cumplido los sesenta años, y constituye una de las novelas más significativas de la literatura universal del siglo XIX. Relata la historia de la violenta amistad entre un padre y sus hijos. El viejo Fiodor Karamazov es un cínico libertino cuyo ejemplo influye en la educación de sus hijos.

El libro puede leerse en dos niveles: en el más superficial se encuentra la historia de un parricida con el que todos los hijos del hombre asesinado comparten diversos niveles de complicidad; pero en un nivel más profundo se encuentra el drama espiritual de un conflicto moral que involucra: fe, duda, racionalismo y libre albedrío. Dostoievski pasó cerca de dos años escribiendo Los hermanos Karamazov, que fue publicada como una serie en El Heraldo Ruso, y completada en noviembre de 1880. El autor murió menos de cuatro meses después de la publicación de esta obra.

En un principio, la obra final de Dostoievsky constaría de dos tomos, el primero como preludio del segundo, el cual sería de mayor trascendencia e importancia que su antecesor. El héroe del primer relato, Aliosha, sería tomado como principal protagonista del segundo tomo, 20 años después de lo acaecido con el parricidio, periodo en el cual el joven se ve envuelto en el mundo revolucionario y en un crimen político, además del retorno a casa de su hermano Mitia. No obstante, esta obra nunca fue escrita debido a la muerte de Fiodor.

Aunque la religión y la filosofía influyeron profundamente a Dostoievski en su vida y en Los Hermanos Karamazov, una tragedia mucho más personal alteró el curso de esta obra. En mayo de 1878 la creación de la novela de Dostoievsky fue interrumpida por la muerte de su hijo de tres años, Alyosha. Aún cuando este suceso era trágico en cualquiera de las circunstancias, la muerte de Alyosha fue devastadora para Dostoievski a causa de que el niño murió de epilepsia, una condición que había heredado de Dostoievski. El dolor del novelista es palpable al leer el libro. Dostoievski nombró Alyosha al héroe de la novela, además de dotar a éste con todas las cualidades que él mismo admiraba. Esta tragedia también aparece en la novela como la historia del Capitán Snegiryov y su pequeño hijo Ilyushechka.

Una experiencia muy personal también tuvo influencia en la decisión de Dostoievski de que fuera un parricidio el crimen que dominara la acción externa de la novela. Al tiempo que cumplía con su sentencia de katorga (trabajos forzados) en Siberia por hacer circular textos polìticamente subversivos en los 1850s, Dostoievski conoció a un joven llamado Ilyinsky que habìa sido condenado por asesinar a su padre para convertirse en heredero. Casi 10 años después de este encuentro, Dostoievski se enteró de que Ilyinsky había sido injustamente condenado y más tarde exonerado cuando el verdadero asesino confesó su crimen. El impacto de este encuentro en el autor es bien claro en la novela, ya que es el principal vehículo de la trama. Muchas de las características físicas y emocionales del personaje Dmitri Karamazov son muy parecidas a las de Ilyinsky.

Es una novela densa, que pasa de la disertación filosófica al monólogo; del tempo lento, moroso, y del argumento laxo, a la rapidez y tensión de la narración de un crimen. El análisis psicológico de los personajes es exhaustivo y las personalidades muy marcadas, irrepetibles.

Se desarrolla en la Rusia de finales del XIX, en un ambiente burgués acomodado. Los protagonistas, aun teniendo cubiertas sus necesidades materiales, carecen del amor familiar, porque pierden muy pronto a sus madres (son hermanos de diferentes esposas). El padre es un ser ruin, que los deja en manos de criados, y que les incita a la vida depravada y dispensiosa. De ahí las taras morales de casi todos ellos.

Un clásico en todos los sentidos.

miércoles, 21 de marzo de 2007

Kafka en la orilla.


Si tuviera que ponerle un adjetivo a la escritura de Murakami sería frío, frío en los sentidos. Con su provocadora apariencia de desidia e indiferencia, obliga a quien lo lee a buscar algo más que una buena historia y sonreír con sus guiños a Carver y, en esta ocasión, también al Paul Auster de “El Palacio de la Luna”. Los libros de Murakami nos obligan a buscarnos a nosotros mismos en lo que queda del relato.

“A veces el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y no guarde relación contigo. Esta tormenta en definitiva eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí solo hay arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como esta.
Y tú en verdad la atravesarás, claro está. La violenta tormenta. La tormenta de arena metafísica y simbólica. Pero por más metafísica y simbólica que sea, te rasgará cruelmente la carne como si de mil cuchillos se tratase……
Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No! Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena.”

La novela es un relato de esas tempestades entre las que destaca la del joven quinceañero Kafka Tamura, pero no se quedan atrás las de otros personajes unidos por el azar y el destino como la Señora Saeki, el viejo Nakata que goza de la capacidad de hablar con los gatos y el camionero Hoshino.
La escena en la que se ve como Jhonny Walker obtiene las almas de los gatos es tremenda y no apta para todos los públicos.

Y es que ya lo dice el autor: “La vida es una metáfora”

sábado, 17 de marzo de 2007

La pequeña crónica de Ana Magdalena Bach



"Este libro, cuya primera edición apareció en forma anónima, atribuido a su segunda mujer, la soprano Ana Magdalena, nos presenta una imagen exacta, humana y psicológica de la vida y obra de Juan Sebastián Bach. Nos da a conocer al Bach hombre en su vida cotidiana: la disciplina del artista, sus alegrías, sus sinsabores así como las fuerzas materiales y espirituales que impulsaron a este hombre tierno, apasionado y vital, en su destino y en su obra, y que afloraron a la superficie en una sublime armonía".
Es breve y se lee con facilidad, aunque algunas apreciaciones musicales sean sólo para expertos (y no es mi caso). "La pequeña crónica" es un poemilla de amor conyugal, con una mujer tan enamorada y difuminada por el carisma de su marido, que no podía terminar de creer que realmente lo hubiera escrito ella.
San Google me dio la razón. En primer lugar, porque no fue ella, sino una escritora romántica del siglo XIX quien escribió la novelita. Esther Meynell, que pasa por ser una musicóloga inglesa, y que publicó el libro en inglés en 1925, de forma anónima, aunque ante el éxito de ventas obtenido, se dice que se vio obligada a reconocer su propia autoría.
Y desde entonces se publica así, tal y como sucede con las traducciones francesa y alemana que pueden adquirirse hoy en día en los países en los que se hablan estas lenguas. En el caso especifico del idioma alemán, la traducción más antigua que he podido hallar data de 1957.
Sin embargo, en castellano, la Editorial Juventud -octava edición, 1998, traducción del alemán de Carlos Guerendiain- no señala autor o autora. Quizá porque es más romántico así, o porque se vende mejor un libro cuya autora podría ser la esposa del personaje biografiado.
Finalmente, la pobre Ana Magdalena no fue bien tratada por su hijastros, cuando enviudó, y vivó de limosna los años que sobrevivó a su marido. Parece ser que las cosas no fueron realmente tan fáciles como la crónica cuenta:

Para qué leemos






Para vivir más. Para detener el tiempo. Para saber que estamos vivos. Para saber que no estamos solos. Para saber. Para aprender. Para aprender a pensar. Para descubrir el mundo. Para conocer otros mundos. Para conocer a los otros. Para conocernos a nosotros mismos. Para compartir un legado común. Para crear un mundo propio. Para reír. Para llorar. Para Consolarnos. Para desterrar la melancolía. Para ser lo que no somos. Para no ser lo que somos. Para dudar. Para negar. Para afirmar. Para huir del ruido. Para combatir la fealdad. Para refugiarnos. Para evadirnos. Para imaginar. Para explorar. Para jugar. Para pasarlo bien. Para soñar. Para crecer...

viernes, 9 de marzo de 2007

El vendedor de saris.

Con un estilo ligero que recuerda a Arundhati Roy, la joven escritora Rupa Bajwa nos traslada al Punjab, sumergiéndonos en un mundo de hoy que convive con el de ayer.

Ramchad es un joven vendedor de saris (preciosas las escenas en las que descalzo y sentado en el suelo se los muestra a las acaudaladas clientas) cuya existencia está marcada por una azarosa desgracia.

Su vida monótona y solitaria cambia cuando decide recuperar el futuro que para él habían soñado sus padres y que creía perdido para siempre. Sus esfuerzos por aprender, de una forma tragicómica, le llevana a encontrar su dolor reflejado en el de los otros.

Y así "descubrió al otro ser que había en él, el Ramchand oculto, verde azulado y misterioso, que a veces pensaba que las cosas no tenían sentido y otras que se acercaban a la lógica de forma peligrosa”.

Es el descubrimiento de que el dolor cuando se manifiesta en toda su crudeza, tiene el poder de paralizarnos y destruir toda esperanza. Lo peor que puede suceder es, precisamente, que sea interiorizado como fuerza inapelable y se acabe instalando en nosotros. Su afán por encontrar la justicia y exorcizar la desgracia le sumergen en una lucha desesperada, en una guerra sin cuartel contra la ansiedad que le envuelve y no le deja vivir, que solo acaba cuando consigue cejar en su empeño y acepta lo inaceptable, tragándose el dolor y rindiéndose a la evidencia: las cosas son como son y no se pueden cambiar.

domingo, 11 de febrero de 2007

Reflejos de un ojo dorado




De este libro de soledades compartidas y amores equivocados, me quedo con unas frases:


"....no podía pensar en ella sin sentir una emoción intensa de amor y pena que era como un peso insoportable sobre su pecho. No era verdad que el tiempo pudiera atenuar el dolor de aquella pérdida. Ahora tenía un mayor domino sobre si misma, y eso era todo"


Ah! Y también con esas coincidencias austerianas: Carson McCullers murió de la misma forma que una de las protagonistas, 26 años después.

La nieta del señor Linh


Igual que algunas canciones se adhieren a determinados momentos de nuestras vidas, hay libros que no se pueden evocar sin recordar el momento en que fueron leidos. Y más aún cuando la historia que cuentan camina en paralelo con nuestra propia historia.

La nieta del señor Linh habla de soledad, de dolor y de duelo, pero sobre todo habla de la posibilidad de entendimiento entre dos personas que utilizan códigos muy diferentes para sufrir de la misma manera.

Dos hombres con sus silencios compartidos, con sus gestos, llegan a forjar una amistad que va mucho más allá de lo que cualquiera hubiera podido imaginar.

No se si era yo o era ella quien llevaba a la niña en el regazo. Pero todavía recuerdo cómo, en el silencio de los amaneceres del camino, muchas veces tapé al bebé con mi capa para protegerlo del frio.

jueves, 1 de febrero de 2007

Donde el agua se une a otras aguas. Raymond Carver




Mi Muerte

Si tengo suerte, estaré conectado
a una cama de hospital. Tubos
por la nariz. Pero intentad no asustaros, amigos.
Os digo desde ahora que está bien así.
Poco se puede pedir al final.
Espero que alguien telefonee a los demás
para decir, "¡ven rápido, se está yendo!"
Y vendrán. Así tendré tiempo
para despedirme de las personas que amo.
Si tengo suerte, darán un paso adelante
para que pueda verles por última vez
y llevarme ese recuerdo.
Puede que bajen la mirada ante mí y quieran echar a correr
y aullar. Pero, al menos, puesto que me quieren,
me cogerán la mano y me dirán "Valor"
o "Todo va a ir bien".
Y tienen razón. Todo va a ir bien.
Me basta con que sepas lo feliz que me has hecho.
Sólo espero que siga la suerte y pueda mostrar
mi agradecimiento.
Que pueda abrir y cerrar los ojos para decir
"Sí, te escucho. Te entiendo".
Incluso que pueda llegar a decir algo así:
"También yo te quiero. Sé feliz".
¡Así lo espero! Pero no quiero pedir demasiado.
Si no tengo suerte, si no la merezco, bueno,
me tendré que ir sin decir adiós ni darle la mano a nadie.
Sin poder decirte lo mucho que te quise y lo mucho que disfruté
de tu compañía todos estos años. En cualquier caso,
no me guardes luto mucho tiempo. Quiero que sepas
que fui feliz contigo.
Y recuerda que te dije esto hace tiempo, en abril de 1984.
Pero alégrate por mí si puedo morir en presencia
de mis amigos y de mi familia. Si es así, créeme,
salí de mi vida por la puerta grande. No perdí esta vez.

jueves, 25 de enero de 2007

Ryszard Kapuscinsky



Ni “Un día más con vida”, ha muerto Kapuscinsky.

Y con él una forma de hacer periodismo, una forma de vivir. "Los cínicos no sirven para este oficio” Igual que el turismo acabó con los grandes viajeros, los medios de comunicación han terminado con aquellos reporteros auténticos.

No entiendo cómo se puede escribir sobre una tribu de África si antes no se han sentido las picadas de los mosquitos, de noche y frente a una hoguera”.
Kapuscinsky nos enseñó a entender África. Claro, que para escribir Ébano tenía una biblioteca de 220 libros... y una experiencia de 40 años

miércoles, 24 de enero de 2007

El último Catón





He estado entreteniendo mis ocios con esa novela que tenía guardada desde hace un par de años. Me habían dicho que era inteligente, crítica y distraida; que era mucho mejor que “El código Da Vinci” (cosa no muy difícil, por cierto) ; que la documentación histórica era muy buena… En fin, que merecía la pena leerla.

Jo. Pues a mí no me ha gustado.

Es un bestseller como para adolescentes, en plan pruebas a lo Harry Potter, pero pretendidamente serio. Los personajes son de cartón piedra, totalmente predecibles y tópicos desde el principio. La autora mete de clavo montones de párrafos descriptivos que le han pasado sus documentalistas y se nota muchísimo que tienen otro estilo. Eso sin contar las descripciones de ciudades, comidas típicas y costumbres “tradicionales” llenas de topicazos. Sufrí viendo cómo introducía en la trama Atenas, Estambul o Roma. ¡Menos mal que no sé nada de Alejandría, por Dios!

Después de hacer pasar al trío de protagonistas por siete pruebas de lo más peregrinas, muy repetitivas e innecesariamente aceleradas en el tiempo interno, el final es lamentable. Señalo, por interesantes, algunos arrebatos de inspiración basados en la Divina Comedia de Dante. Hay muchos datos históricos, algunos introducidos de manera muy forzada, y se nota un excesivo afán de erudición. Pretenciosa a más no poder, alterna citas en italiano, en latín y en griego clásico, bizantino y moderno. La mayoría de ellas, innecesarias. Y eso que a mí, como filóloga, me suelen gustar.

Así que, para finalizar, si alguien la quiere, la regalo. No merece ser releída. Puede servir para llenar de intriga un viaje largo, pero poco más. Y si te la vas a comprar, ni se te ocurra en tapa dura, busca la edición barata de bolsillo.

sábado, 20 de enero de 2007

El perro que ladraba a las holas


Ultimamente me dedico a buscar el comun denominador de muchas cosas. Tambien de los libros Hay libros que nos hablan de las crueldades de las madres chinas. Otros nos cuentan extrañas historias de las sagas judias. Y algunos, como los de Mac Court o las peliculas de Loach, nos describen las vidas de las pobres, católicas y nacionalistas familias irlandesas. En ellas siempre hay historias de destierro y destaca la figura terrible del padre, con un extraño sentido de la disciplina, cantando viejas canciones irlandesas y muchas veces dominado por el alcohol.
Esta es la historia de una familia germano-irlandesa, contada por un niño que rie en irlandés, llora en alemán y quiere hablar en inglés, que es lo prohibido. El padre interpreta el papel esperado y la madre busca ingeniosas y tiernas estrategias para proteger a sus retoños de la miseria, la xenofobia y los terribles secretos que se esconden en el armario.

miércoles, 20 de diciembre de 2006

martes, 19 de diciembre de 2006

Tokyo Blues


Haruki Murakami (Japón 1949)


Feliz navidad, hombre oveja (fragmento)


"El Hombre Oveja hizo como le decían, y cuando quiso darse cuenta ya había alzado el vuelo la Señora Cuerva de Mar. Como era la primera vez que volaba, el Hombre Oveja tenía miedo y se aferraba al cuello con todas sus fuerzas. Desde el cielo podía verse el mar, el bosque, las colinas,... El verde del bosque y el azul profundo del mar se extendían hasta el infinito, y entre ellos había como un cinturón de arenas blancas. Era una vista preciosa. (...) Cuando abrió los ojos, el Hombre Oveja se encontró en su cama, en la habitación de siempre. Al principio pensó que todo había sido un sueño, pero sabía muy bien que no era así. Tenía un chichón en la cabeza, el trasero de su traje de oveja estaba sucio, y en la habitación, en vez de su viejo piano, estaba el piano blanco en forma de oveja. Todo había ocurrido de verdad. Por la ventana podía ver la nieve, que se acumulaba en las ramas de los árboles, en el buzón, en el cercado....Esa tarde el Hombre Oveja fue a visitar al Profesor Oveja a su casa en las afueras de la ciudad, pero donde había estado la casa ya no había más que un descampado. Ni los arbustos, ni el llamador, ni las columnas y baldosas con forma de oveja... Todo había desaparecido. -Ya no volveré a ver a ninguno de ellos-, pensó el Hombre Oveja. -Ni a los dos Tornillos, ni a las gemelas 208 y 209, ni a la Señora Cuerva de Mar, ni a Poca Cosa, ni al Profesor, ni al Reverendísimo Señor Oveja.- Al pensar esto, lágrimas brotaron de los ojos del Hombre Oveja. Habia llegado a quererlos tanto. "